POR: DYLAN GARCÍA

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¡Adiós!

Ahora sí que llegué lejos, me pasé, perdóname abuelita, perdóname hermanito… perdonadme familia. Bien, pues las cosas ya están hechas, no lo puedo cambiar (menos lo que me sucedió), así que al menos les contaré que me pasó. Primero, vendí chocolates en la escuela, después vendí chocolates espaciales, luego vendí marihuana y azúcar… bueno al cabo de un año terminé la prepa y ya vendía de todo, no necesitaba trabajo porque vendiendo basura para adictos ansiosos ganaba más que cualquiera en mi calle. Dure dos años vendiendo eso, me hice de algunos amigos y muchos enemigos, el último mes estuve guardando casi todas las ganancias (solamente gastaba en lo necesario), ¿esto para qué?, pues para retirarme, dejaré dinero a mi familia e iré al centro de rehabilitación para adicciones. Quería ser una persona nueva. Cuando por fin logré reunir suficiente plata. Decidí contarle a mi abuela sobro lo que estaba haciendo y que ya me quería salir. Así que me senté a su lado y cuando pensaba en como comenzar abordar ese maldito tema, recibí una llamada, era mi contacto diciéndome que «ellos» ya venían para mi casa, que me venían a matar, que tenían armas y no tenían miedo a la muerte. —¿Por qué ahora que ya me estoy saliendo?, ¿por qué ahora que quiero ser alguien nuevo?—, todo eso pensé y le respondí a mi contacto «ya voy para allá», salí en bici, llegué en 5 minutos, él, otros 5 y yo nos preparamos para acabar con esos malditos. No se como lo hicimos pero nosotros 7 defendimos la zona, matamos a 3 de ellos y ellos mataron a mi contacto… ahora estoy es una maldita zona de guerra. No importa, de cualquier manera ese fue mi último trabajo, ya me salí y no pienso regresar. Pasó una semana, dejé todo en orden, hablé con mi familia y les prometí no regresar, a menos que estuviera rehabilitado. Salí de mi casa, me dirigía al centro de rehabilitación para al fin inscribirme, apenas llevaba un par de calles recorridas cuando una camioneta se detuvo frente mío, impidiéndome el paso, me subieron a la fuerza, en el forcejeo los dejé muy golpeados, eran tres contra uno y no podían, aún así esos malditos lo lograron: me subieron, me dieron un levantón. Estuve dos días amarrado a una silla con los ojos vendados, nadie iba a verme, nadie me deba de comer o beber. Maldita sea estaba totalmente solo y no sabía donde. Cuándo por fin llegó alguien, hubiera deseado morir de hambre sed. Ese maldito psicópata me golpeo incontables veces. Me preguntaba cosas que yo no sabía, cada vez que yo respondía él me interrumpía con golpes. El último día que estuve allí ya no tenia noción del tiempo, ya había estado allí una eternidad o solo una semana y lo único que quería era morir. Ese maldito psicópata decidió que yo no sabia nada, él decidió que me mataría por puro placer. Para ese momento ya tenia heridas causadas por cuchillos, navajas, golpes y de todas cosas, ya tenía bolas hechas a patadas y puñetazos, me arrancaron el arete de la oreja, y me ardían las cortadas, pero nada de eso se comparaba con el hambre y sed que yo tenía. El psicópata decidió que ya era hora. Comenzó de abajo hacia arriba, me pisaba con sus botas los dedos de los pies, me martilló los tobillos hasta quebrarlos, con un tubo me golpeaba el fémur y las heridas recién hechas, el maldito me golpeó tan duro que quebró mis rodillas y así siguió, hasta llegar a mis costillas que decidió destruir a cedenazos, me cortó los hombros y brazos a machetazos, y por último no sé como ni con qué porque me desmayé, pero me degolló…



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